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Autor María del Rosario Capiscol Martínez

Marisa, una chica de provincias, llega Madrid con su hermana Mónica...
Colección Didot
Género Novela
Editorial Punto Didot
Fecha de Publicación 26/12/22
Peso 2,10 MB
Medidas 150 x 210 x 24
Cantidad de Páginas 390


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18,00 € Edición Papel 978-84-19403-57-5
Marisa, una chica de provincias, llega Madrid con su hermana Mónica, ciudad en la que pasará penurias hasta conseguir un trabajo de camarera. Más tarde conocerá al que será el padre de sus tres hijos, Matías, pero a su vida, por fin tranquila y acomodada, volverán los problemas por culpa de su marido y de la mala relación con su hermana Mónica. Sus hijos, su otra hermana, Lucía, y su madre, doña Isidora, serán entonces sus grandes apoyos.
Tiempo después empieza a sentirse observada, y un fatídico día, y en extrañas circunstancias, Marisa es secuestrada, quedando sus tres hijos a cargo de su abuela y su tía, que deberán afrontar desde ese mismo momento la responsabilidad de cuidar de los tres pequeños, e intentar buscar a Marisa, con ayuda de la Policía. Pero no son muchas las esperanzas de encontrarla, y todo apunta a una huida voluntaria de Marisa por disconformidad con la vida injusta que le ha tocado vivir. Así lo creen todos, menos su familia, que no quiere darse por vencida.
María del Rosario Capiscol Martínez
Nací un seis de enero del año 1965, en Madrid, de padre andaluces y trabajadores, llegados del pueblo en una época en la cual el trabajo escaseaba. Mi padre era guardés de una finca entre Fuencarral y El Pardo y trabajador de la construcción, y mi madre se encargaba de la casa. Con una vida bastante dura para unos niños que teníamos que caminar varios kilómetros cada día para llegar a la escuela, cuando volvíamos a casa por la tarde, íbamos al pozo a por agua, manteníamos el huerto y casi al caer la noche aún quedaban por atender los animales. A última hora hacíamos los deberes con la luz de una vela. Con los años no tuve la oportunidad de estudiar tanto como me hubiese gustado; en aquella época las circunstancias me lo imposibilitaron, pero recuerdo que con el tiempo mi padre se arrepintió de aquella decisión…